No encajo en este mundo

Este es el artículo más personal que he escrito hasta ahora. He dudado si publicarlo o no, y al final he decidido hacerlo, por si pudiera ayudar a alguien.

Está dedicado a todas aquellas personas que por el motivo que sea, se sienten diferentes.

Aquí podrás leer un resumen de mi historia personal y cómo descubrí mi lugar en el mundo y mi propósito de vida.

NO ENCAJO EN ESTE MUNDO

Desde pequeña me he sentido rara, diferente. Sentía que no encajaba. Tanto en el colegio como dentro de mi familia, con frecuencia me decían cosas como “Qué rara eres”, “Nunca he conocido a nadie tan raro”, y ya en la adolescencia “Me rompes todos los esquemas”, “¿Tú de dónde has salido????”… y cosas por el estilo.

Quizá te parezcan cosas comunes que los niños o incluso adultos pueden decirse entre sí, de manera ocasional, pero en mi caso la frecuencia era demasiado alta. Sobre todo si me comparaba a lo que les decían a otras niñas de mi edad…

La verdad es que tampoco es algo que llevase muy mal. Creo que me acostumbré a este tipo de comentarios. Algunos me sentaban mal (o incluso fatal) pero no le daba mucha importancia ni pensaba demasiado en ello. Seguía con mi vida.

Creo que una de las razones es que yo me planteaba asuntos que a la mayoría de las personas de mi edad ni siquiera se les pasaba por la cabeza. Leía muchísimos libros de todo tipo. Eso abrió mucho mi mente y me llevó a no dar las cosas por supuesto, sino a pensarlas por mi misma.

Por ejemplo, con 13 años me di cuenta del horror que había detrás de comer carne, y dejé de comerla. No podía entender cómo otra gente podía comerla. En una época en la que en España no había casi vegetarianos (excepto algunos pocos considerados “hippies” o directamente “locos”), yo ya me hice vegetariana. Afortunadamente mis padres, aunque no estaban de acuerdo, me lo permitieron.

Las corridas de toros y las fiestas de los pueblos donde se maltrataban animales me parecían una barbarie. Incluso estuve recogiendo firmas para que prohibieran estas fiestas, cosa que finalmente ocurrió. Me acuerdo que había gente que me decía “no vais a conseguir nada”. Pues sí. Recogimos más de medio millón de firmas (en papel, en aquella época no existía change.org), lo que permitió que se revisara la ley y finalmente se modificara. Gracias a esto se prohibieron muchas fiestas crueles.

En esa época también empecé a utilizar la ley de la atracción de manera intencional, aunque en aquella época no se llamaba así. Como me funcionaba muy bien, traté de explicárselo a otras personas, pero me decían que a ellos no les funcionaba. Fue después de muchos años de investigación exhaustiva y mucha experimentación cuando entendí porqué a veces funciona y a veces no, y como utilizar esta energía correctamente. Puedes leer más sobre ello aquí.

Con 15 años ya estaba leyendo libros sobre el poder mental, el I – CHING (el oráculo chino), los derechos de los animales, el libro “Usted puede sanar su vida” de Louise Hay… y muchos otros por el estilo. También leía muchos libros de aventuras más propios de mi edad, claro.

Tenía (y sigo teniendo) una insaciable curiosidad acerca de cómo funciona nuestra mente, nuestras emociones, nuestro cuerpo, el mundo y nuestra relación con él. Creo que esta curiosidad me llevó a investigar temas que quizá eran demasiado profundos para mi edad, o quizá no, no lo sé, pero lo que sí que sé es que al no dar las cosas por supuesto, me sentía muy diferente a quienes aceptaban la realidad tal como la mayoría de los adultos la explicaban.

Eso me hizo ser muy reservada, muy callada… Podía estar con mucha gente y no abrir la boca durante horas, excepto algunas pocas palabras. Creo que por eso me decían que era “rara”.

También era muy tímida, lo que complicaba las cosas aún más…

A medida que fui creciendo y madurando la diferencia entre el resto del mundo y yo fue transformándose. Aprendí a socializar y a seguir las normas de la sociedad y me di cuenta de que en ciertas situaciones podía encajar bastante bien. Sin embargo para otras cosas esa diferencia parecía que se hacía aún mayor… o al menos esa era mi percepción.

Una vez leí una frase del maestro espiritual Krishnamurti que me ayudó mucho: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Con 28 años y ya viviendo en Londres aprendí Reiki y empecé a leer muchísimos libros de crecimiento personal como “Las nueve revelaciones” de James Redfield, “El poder del ahora” de Eckahrt Tolle y “Conversaciones con Dios” de Neale Donald Walsch, entre muchos otros.

Aunque estos libros me encantaron y ayudaron a dar forma a la persona que soy hoy en día, lo cierto es que estos primeros años de esta inmersión espiritual y filosófica pusieron mi mundo patas arriba y fueron muy duros. Lo pasé fatal. Tuve una especie de crisis existencial. En muchas ocasiones deseé ser más “normal” y plantearme menos cosas.

Las mayoría de las chicas que yo conocía tenían unos objetivos claros: conseguir un trabajo fijo, un marido, una estabilidad social y económica, encajar perfectamente en la sociedad, y tener algunos hobbies “normales” como leer novelas románticas de Corín Tellado o revistas del corazón (en el caso de hombres, periódicos de deportes competitivos), ir los fines de semana a un centro comercial o a comer a casa de sus padres/suegros…. (y demás actividades que casi todo el mundo hace sin plantearse otras alternativas). ¡Ojo! ¡Que no digo que eso esté mal ni mucho menos!! De hecho, seguramente a mucha gente le va muy bien así.

Pero yo no podía ser así. No. Eso iba en contra de mis principios. Mi vida era muy diferente. Estaba viviendo en Londres, compartiendo piso con amigos y sin un trabajo regular. Esta forma de vida me permitió conocer gente muy interesante, viajar bastante por el mundo, ir a festivales budistas y muchas otras cosas increíbles.

Pero siempre era como si estuviera buscando “el santo grial”. Buscaba volver a casa. Pero no a la casa donde había crecido, sino a la casa donde yo sentía que pertenecía. Una casa, o un mundo, en el que las personas fueran buenas y actuaran de buena fe. Un mundo imaginario (o quizá exista en una realidad paralela, no lo sé) en el que las personas se ayudan entre sí, se cuida el planeta, se respetan los animales, se hacen cosas que yo considero “lógicas”, y no este mundo que es en gran parte irracional, injusto y despiadado.

Por eso siempre he sentido que no encajo en este mundo.

Supongo que inconscientemente buscaba un lugar, unas personas o un trabajo en el que pudiera sentirme a gusto. En el que pudiera sentirme “en casa”.

Cuando tenía 30 y tantos años pedía ayuda a una terapeuta que hacía “correcciones energéticas”. Mi problema era que no lograba pasar a la acción. Tenía muchos proyectos en mente pero sentía como un bloqueo dentro de mi que no me permitía avanzar ni hacer las cosas que quería hacer.

Ella me dijo una cosa que no tiene mucho sentido desde un punto de vista racional, pero que para mi tuvo (y tiene) mucho sentido. Te pido que leas esto con una mente abierta. A mi modo de ver da igual si esto es verdad o no. Lo importante es que me funcionó y me ayudó a entenderme a mi misma.

Según ella, lo que me pasaba es que yo venía de otra dimensión de una vibración más alta (es decir, donde había más amor), y echaba de menos a mis hermanos y amigos de allí. Era por eso por lo que me sentía bloqueada y no podía pasar a la acción. Entonces hizo las “correcciones energéticas” y me dijo que ya estaba, que ya me podía ir. En total, el proceso no duró más de 5 minutos.

Dentro de mi sentí que lo que me había dicho era absolutamente cierto, aunque desde un punto de vista racional, no entendí qué relación podía tener el echar de menos a alguien con no pasar a la acción…

Pero lo cierto es que a partir de ahí todo cambió. Empecé a hacer todo lo que quería hacer, y no me costaba ningún esfuerzo. Eso continúa hasta hoy.

¿Podría haber sido una casualidad? Quizá sí, pero no lo creo.

Aparte de desbloquearme, esto también me ayudó a entenderme un poco más y a ver que mi sensación de no encajar en este mundo quizá me pesaba más de lo que creía….

Unos años más tarde, a los 35, conocí el Tapping. Mi vida se volvió a transformar pero esta vez de una forma mucho más suave y armoniosa. Empecé a notar cambios sutiles pero muy sustanciales en cuanto a mi manera de percibir el mundo.

Comencé a ver la vida de otra manera. Los acontecimientos “negativos” ya no me afectaban tanto. Conseguí (y conservo) un equilibrio emocional casi permanente. No es que las cosas no me afecten, pero el Tapping me ha permitido poner las cosas en su lugar y darles la importancia que se merecen (ni más ni menos). Me ha enseñado a ser más estable, alegre, positiva, resolutiva, abierta, segura de mi misma… en definitiva, me ha permitido ser una mejor persona y tener una mayor calidad de vida.

Aquí puedes ver un vídeo tutorial de la técnica básica de Tapping.

Evidentemente las experiencias de la vida y el apoyo de personas cercanas también han contribuido en este crecimiento, pero sin duda ha sido el Tapping lo que ha reducido drásticamente la intensidad emocional del sufrimiento implícito que llevaba conmigo.

El Tapping te limpia, te equilibra, te reconecta, te sana… Esa ha sido mi experiencia y la de miles de personas a las que se lo he enseñado.

Pero hay una cosa más. Me he dado cuenta de algo fascinante.

Lo que más me ha ayudado no ha sido hacerme Tapping, sino ayudar a otras personas.

Cuando yo era más joven y me encerraba en mi misma o buscaba otras alternativas a esta sociedad, nunca encontré aquello que buscaba (excepto en breves momentos, pero nunca era duradero). Sin embargo, cuando he dado, todo lo bueno ha venido sin pedirlo.

Si te encierras lo más probable es que lo que buscas no venga a ti.

No es buscando amor cuando éste viene, sino dándolo.

Me he dado cuenta de que cuanto más doy, más recibo. En mi caso, ayudo a muchas personas dentro y fuera de mi familia y mi círculo de amigos, colaboro con organizaciones de caridad desde hace muchos años… y en general siempre estoy dispuesta a echar una mano a otras personas en lo que puedo. Incluso gestos tan simples como una sonrisa, una caricia, unas pocas palabras amables o escuchar a alguien sin juzgarle, pueden tener un efecto asombrosamente sanador.

En mi trabajo como terapeuta y formadora de Tapping, doy muchos recursos gratuitos en forma de charlas, vídeos, artículos del blog, libros electrónicos… Todo esto me ha permitido vivir de mi pasión y me lleva a comprender mi misión en esta vida. Me hace sentir que mi vida importa y tiene un propósito.

Cuando mi alma abandone esta experiencia de vida, mi trabajo perdurará. Habré dejado un legado, ya que muchas de las personas que han aprendido Tapping conmigo se lo han enseñado a otras personas, y esas a otras… y al final se benefician muchas personas y se seguirán beneficiando una vez que yo no esté aquí.

Esto me permite sentirme muy a gusto conmigo misma y hace que atraiga a personas que me quieren y me aprecian por lo que soy, aunque sea “diferente”. Me valoran tal y como soy sin intentar cambiarme.

Nota importante: Cuando hablo de “dar” no me refiero a darlo todo y olvidarte de ti mism@. No. Eso no estaría bien ya que estarías ignorando una persona muy importante en tu vida, que eres tú. Me refiero a dar a otras personas pero cuidándote, amándote y respetándote al mismo tiempo. Y si esto implica alejarte de personas, lugares o actividades tóxicas, adelante. Al fin y al cabo, es tu vida.

Para resumir, este es el mensaje de este artículo: si sientes que no encajas y te gustaría que el mundo fuera un lugar diferente, en vez de encerrarte, quejarte o buscar una solución fuera, te animo a que busques dentro de ti qué es lo que puedes aportar al mundo. y ofrécelo. Sal de tu zona de confort, y actúa con la intención de hacer que este mundo sea un lugar más agradable y compasivo. Sé el cambio que quieres ver.

Evidentemente, en muchos sitios seguirán ocurriendo cosas horribles, pero siempre puedes encontrar a personas de buen corazón. Esas personas irán a ti cuando des, no cuando pidas.

Si quieres recibir, da. Cuanto más des y a más personas (para esto la tecnología es genial!!), más recibirás.

Aunque esto de que dar es recibir ya lo había oído antes, no fue hasta que analicé mi vida que me di cuenta de lo cierto de esa frase.

¿Y tú ? ¿Cual ha sido tu experiencia al respecto? ¿Hay algo que quieras preguntar o aportar? Si es así, por favor, escribe tu comentario abajo. Me encantaría saber tu opinión.

Espero que este artículo te ayude. Muchísimas gracias por leerlo hasta el final. Si te ha gustado, por favor, compártelo. Ya sabes que dar es recibir!! 😉

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Un fuerte abrazo y estamos en contacto! 🙂

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